
Nariño: cacao entre volcán y océano
Del páramo al manglar en una sola mañana; el cacao vive en el medio.
Llegada
Se llega por agua o por una carretera que se deshace en curvas. La humedad se siente antes de bajarse. Todo aquí crece rápido y verde.

La finca y los árboles
Los lotes se mezclan con plátano, chontaduro y madera nativa. La sombra es alta y el suelo, oscuro. Casi ninguna finca supera unas pocas hectáreas.


La cosecha
La quiebra se hace a la sombra, sobre hojas de plátano. Los granos salen envueltos en pulpa dulce y brillante. Los niños prueban la pulpa; el grano sigue su camino.

El proceso
Con tanta lluvia, el secado es el verdadero reto. Las marquesinas se abren y se cierran siguiendo el cielo. Un aguacero mal calculado puede costar un lote entero.


Retrato
Las asociaciones locales hacen lo que una finca sola no puede: acopiar, clasificar y negociar. En la mesa de clasificación el trabajo es callado y minucioso. De ahí sale lo que el comprador verá.

Cierre
Al final del día el río devuelve la luz. El cacao sale en costales por el mismo camino por el que llegamos. Detrás queda un verde que no se apaga.

